En una ocasión asistí a una conferencia dada por un profesor de física de gran prestigio. Los físicos son muy inteligentes para hablar de física. Lo malo es que en esa ocasión habló sobre todo de Dios, cuya existencia consideraba un mito totalmente ingenuo y peligroso que había que eliminar de la mano del omnipotente poder explicativo de la ciencia. Llegó a decir que eso de la Trinidad no hay quién lo entienda, cuando en realidad es bastante inteligible que Dios – o sea el fundamento de todo y de cada uno de nosotros, y muchísimo más que tiene que ver con el misterio, el infinito, el sentido de todo, etc. – sea “una comunidad de amor entre personas (divinas) en perfecta unidad”. Eso es mucho más inteligible que “explicar” el origen del universo que conocemos y que nos asombra como fruto de una discontinuidad cuántica aleatoria que genera universos burbuja, algunos de los cuales resulta viable. Y lo digo con el máximo respeto. Creo que los descubrimientos que ha realizado la física sobre las condiciones del origen del universo son impresionantes. Pero de eso a concluir una inexistencia de Dios “científicamente demostrada” hay un triple salto mortal, nada científico.
El científico en cuanto científico tiene que ser materialista, porque no puede meter a Dios en sus experimentos, tiene que seguir el método científico experimental, proponiendo explicaciones racionales a sus observaciones y realizando experimentos para comprobar si esas explicaciones son correctas y compatibles con el cuerpo de conocimientos que ya se posee. Pero el científico en cuanto persona es muchísimo más. ¿Porqué hay mundo en lugar de no haberlo? ¿Cuál es su sentido? ¿Porqué el mundo es inteligible? ¿Porqué existe la lógica? ¿Qué hay más allá del Big Bang? ¿Y qué hay más allá del más allá del Big Bang, de los confines del universo, de lo más recóndito del átomo, de la constitución de la materia? ¿Porqué hay vida en vez de no haberla? ¿Qué es en el fondo el universo, la vida, el ser humano? ¿porqué me ha sido dada mi vida, porqué existo yo?… Decía Gustavo Adolfo Becquer: “Mientras la ciencia a descubrir no alcance / las fuentes de la vida, / y en el mar o en el cielo haya un abismo / que al cálculo resista, / mientras la humanidad siempre avanzando / no sepa a dónde camina, / mientras haya un misterio para el hombre, / habrá poesía”. Ni siquiera el científico puede explicar “seriamente” porqué siente esa pasión maravillosa por investigar, por descubrir los misterios de la naturaleza… Por eso una cosa es la ciencia y otra – muy diferente – el cientificismo.
El cientificismo es “otra” religión, pero con la diferencia de que no exige compromiso ético personal. Naturalmente hay muchos creyentes en esa “religión cientificista” que sí tienen un serio compromiso ético, pero éste no deriva de su credo cientificista, que es neutro, sino de “otras experiencias y convicciones de su vida”. Además, para el cientificista el único conocimiento verdadero es el científico, lo cual es una falacia, porque para que un conocimiento sea científico se exige que entre dentro del cauce del método científico experimental, pero como no todo conocimiento puede entrar en ese cauce, tal conocimiento no es verdadero, o no es conocimiento. Hemos suprimido de un plumazo las humanidades, la cultura, la filosofía, el arte, el amor, el valor de las vivencias, el sentido de la vida, el misterio, etc.; es decir casi todo lo más importante de nuestra vida. Ya decía Karl Popper que a veces nos ponemos unas gafas verdes y decimos que el mundo es verde. En este sentido la película “Terminator” se queda corta frente a las conclusiones del cientificismo.
Además esa extraña “religión” tiene entre sus dogmas el ateísmo, lo cual es otra falacia. Si se fuera consecuente con el método científico experimental, la consecuencia sería el agnosticismo, no el ateísmo. Es decir que con el método no puedo demostrar ni a Dios ni a No-Dios, y si somos consecuentes con el método habría que seguir investigando. Para el cientificismo, además, hay un postulado, que tampoco es científico y que es otra falacia: “La firme convicción de que no hay problema que no pueda resolver el método científico”. Ya Gödel demostró que “ningún sistema consistente puede demostrarse a sí mismo”, es decir que para fundamentar la ciencia hay que salirse de ella; y el teorema de Gödel es tan científico como la teoría de la relatividad. Esa fe cientificista es demasiado pretenciosa, incluso pretende demostrarse a sí misma y a todo, pretende una razón humana absoluta. Frente a ese engreimiento cientificista tenemos la humildad académica que es, de hecho, una de las características fundamentales de los verdaderos científicos. Un día leí un grafiti que me hizo reflexionar mucho sobre esto: “Dios no existe (Marx). Marx no existe (Dios)”. Efectivamente, un científico serio sabe de los límites de su método y de los límites de sí mismo como investigador, y es más proclive a pensar que si existe un Dios, ese Dios es el axioma y yo el teorema, es decir, que es Dios el que me explica a mí, más que yo poder explicar a Dios; es Dios el que me fundamenta a mí, y no yo el que pueda fundamentar racionalmente a Dios o a su negación. En este sentido el verdadero científico, consciente de sus límites racionales y vitales está abierto a la fe.

Estupendo artículo, concuerdo totalmente. En mis diversas y largas conversaciones con amigos ateos-escépticos-agnósticos, he llegado a la misma certeza. El científico ateo también se apoya en fundamentos incomprobables para darse sentido a si mismo y a todo lo que le rodea. Tienen fe-confianza en que la casualidad o la ciclicidad del universo son el origen de todo. Les es imposible dar pruebas, pero lo creen profundamente. Esta fe-confianza la reconocen muchos de ellos y eso les honra.
El problema no viene de estas personas honestas, sino de quienes creen que es posible demostrar científicamente lo indemostrable y desprecian a los creyentes como ignorantes.
Un saludo cordial de un profesor de la UCA.
Gracias, Nestor. En esa misma línea, creo que en el fondo la actitud prepotente y de desprecio, como las que comentas y que por desgracia son muy comunes, proceden de la neurosis que produce el miedo al vacío existencial. Es un mecanismo de defensa que actúa hacia dentro como cierre epistemológico, y hacia fuera como búsqueda de un chivo expiatorio. Es como el gato arrinconado que ataca a todo lo que se le acerque. La única solución es la del amor auténtico que siempre expresa (aunque no se usen explícitamente esas palabras) los que decía Cristo resucitado: No tengáis miedo.
Gracias por este excelente artículo. Se comprueba una vez más que todos somos creyentes; unos “creen” que Dios no existe y otros creemos que además de exitir nos quiere y tiene un plan para nuestra vida. ¡Ojala seamos instrumentos de Dios para que todos le descubramos presente en el mundo!
Interesante artículo.
Es verdad que el cientificismo es una falacia. Juan Pablo II lo critica muy bien en Fides et Ratio.
Me ha gustado mucho esta frase: “un científico serio sabe de los límites de su método y de los límites de sí mismo como investigador, y es más proclive a pensar que si existe un Dios, ese Dios es el axioma y yo el teorema”
Y termina con una gran verdad:”En este sentido el verdadero científico, consciente de sus límites racionales y vitales está abierto a la fe”
Como diría nuestro querido padre Loring, “la ciencia lleva a Dios”.
Un saludo muy cordial y gracias
Estoy de acuerdo con el artículo. Es más, creo que la ciencia lleva a Dios, porque toda verdad, la diga quien la diga y sea del tema que sea, viene del Espíritu Santo. Y estudiando la naturaleza podemos darnos cuenta de que hay algo más, de que es creación. Por medio de toda verdad -también de la ciencia- Cristo nos llama.
Yo creo que el método empírico lleva a la creencia en Dios. Precisamente, el empirismo consiste no en plantear leyes teóricas, sino en observar el efecto y remontarse a su causa. Y precisamente a Dios, causa invisible, se le conoce por sus efectos.
Pero ¿qué hace la ciencia? Describir, no explicar. La ciencia nos describe la atracción de los cuerpos según las leyes gravitatorias, pero no nos explica por qué se atraen. Nos describe los movimientos según leyes matemáticas, pero no nos explica por qué el movimiento se ajusta permanentemente a leyes matemáticas. Observa y describe, pero no explica. Usar la ciencia para explicar es como usar el Génesis para describir.
A lo largo de la historia de la ciencia, curiosamente, creo que lo que más ha impactado a los científicos y les ha hecho convertirse según avanzaban en sus investigaciones, aún más que la idea de un Creador (como le pasó a Fred Hoyle al darse cuenta de que el universo eterno era imposible), es la idea del orden (como le pasó a Einstein). Quizá porque el orden lo tenemos más cerca, es más visible. Si nos paramos a pensarlo, es impresionante que las leyes de hoy sigan sirviendo mañana. Es impresionante que haya leyes. Es precisamente esa necesidad de remontarse de la descripción a la explicación lo que nos hace sentir la presencia de Dios. La ciencia nos coloca al borde del salto de fe. Allí la filosofía nos coge de la mano, y nos dice: “Dios es lo único lógico, pero tienes que saltar tú”.
Nos hemos acostumbrado tanto a escuchar que todo lo que vemos se ha hecho solo, que no nos damos cuenta de que eso es profundamente contrario a la razón. Pero para que Dios no sea igual de absurdo, hemos de darnos cuenta de lo que Dios es: El Que Es, el Ser, cuya esencia es existir. El axioma perfecto, como muy bien decía el artículo en una expresión que me ha encantado.
A mí me impresionan esos grabados medievales en los que Dios aparece creando el universo con el compás. Lo que la ciencia estudia con lógica, lo puede estudiar porque ha sido creado con lógica. El objeto de la ciencia es la huella del Logos.
Perdonad el rollo; el tema es muy interesante, y el artículo, buenísimo.
Excelente artículo. En el mundo científico aún estas “falacias” de esta “otra religión” son muy fuertes. El paradigma mental es de tal naturaleza que mucho de los científicos no se dan cuenta de que están dentro de él. Felicidades.
Un aporte muy interesante y que apoya todo lo indicado en la entrada:
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=17739
Saludos